Irrespetuosa, te
fuiste sin mi permiso. No me di cuenta cuando te fugaste, veloz, de mis labios
y de mi boca. Quedé en un silencio absoluto, sólo con mi respiración,
intentando buscarte por el mundo entero.
Admito que quizá no
nos llevábamos muy bien. Cuántas veces por tu culpa dije cosas que no debí
decir, y cuantas otras te obligué de mala gana a hablar. Debiste callar en
muchas oportunidades y hablar en los exámenes orales. Pero eres caprichosa,
como tu dueña.
No te vengues de mí. No
sé con quién andas ni a cuáles oídos has ido a fastidiar sin control alguno. No sé
qué historias estás repitiendo o inventando, ni sé qué tanto te escuchen los
demás, qué tan loca me estás dejando con el resto. Pero por favor, si al menos
no quieres regresar conmigo todavía, intenta moderarte, sé que es difícil,
hasta a mí me costaba hacerlo. No atentes contra mí, recuerda que sólo en mi
tienes vida, y estando perdida no eres más
que ruido.
Me gustaría gritar a
los 4 vientos para hacer que me escuches, sin embargo, sólo puedo escribirte
esta carta y pegarla por los postes de mi barrio a ver si en una de esas lo
lees y te animas a volver. Ya te estoy empezando a extrañar.