miércoles, agosto 10

Con el Sol...

El Sol transparenta las miradas.
A algunos, los encandila, dejando que la confusión se escape.
A otros, les magnifica todos los colores y la realidad al fin se ve tal como es: con la luz del Sol, linda.
Hoy, un día de Sol, lo vi todo más claro.
Conocí la historia de un reloj detenido.
Se dice que los relojes detenidos son incapaces de vivir su vida. En efecto, el tiempo no corre en ellos.
Otros dicen que los relojes detenidos están ahí a propósito, que todavía no están a tiempo de contar los segundos porque les falta madurar.
Y también se dice que los relojes detenidos deciden detenerse solos, cuando un engranaje no les acomoda, los desechan y se declaran en coma. El tiempo se declara en coma.
La vida del reloj es triste, sólo cuenta los segundos, sólo anticipa y desahucia, molesta a veces, y mira desde su encierro, desde el vidrio que desea quebrar, como los acontecimientos pasan determinados por el segundero.
Es triste para él, pero imprescindible para nosotros, los dueños y siervos de cada reloj. Imprescindible e irreemplazable.
Me contaron que por esas casualidades, a fines del invierno pasado, un reloj suicidado ya sin esperanzas y sonriente se encontró con otro reloj que andaba a tiempo (muy a tiempo), un poco apurado, con los minuteros violentos, sonoros, agresivos, punzantes, apremiantes.
Sucedió algo nunca antes visto en la historia de los relojes. En un acto de generosidad máxima, el reloj a tiempo abandonó sus apremios y le entregó los engranajes que le faltaban al reloj suicidado. No eran dos o tres engranajes, era la mitad de su cuerpo entero.
El reloj detenido comenzó al poco tiempo a andar. No, eso no está bien dicho.
El reloj detenido desapareció, al igual que el reloj a tiempo, cuya esencia mantiene ya sin cuerpo propio. Lo que resultó, fue la creación de un nuevo reloj.
Pero los relojes no sirven de nada si no tienen a quién dominar.
Se cuenta que ambos dueños siervos de los relojes corrieron bajo el mismo tiempo, bajo la misma libertad y bajo el mismo Sol comandados por un único reloj.