sábado, julio 30

El hombre y su perro

Hace dos días me encontré con el hombre que pasea a su perro. Hace tiempo que no sabía nada de él. La semana pasada vi en su auto un cartel de venta, al parecer las cosas no andan bien.
De su vida sé poco y nada, aunque creo conocerlo más que el resto del barrio. Sé su nombre, que es casado y que tiene un perro. Es muy amable. A veces le digo usted, otras veces lo tuteo: la verdad es que aún no puedo descifrar qué edad tiene. Cuando supe que tenía una hija de más de 25 años, me fijé en que estaba lleno de arrugas y canas y que le faltaban un par de dientes.
El hombre lleno de proyectos y optimista, apareció como un fantasma errante en esa noche con su perro. El perro, siempre inquieto y preso de la correa, hoy estaba cansado y muerto de frío, más gordo, descuidado y más viejo, a tal punto que me costó reconocerlo a la distancia. Dejé de mirar el perro, y me fijé en su amo, más envejecido y triste. No sé si se debió al frío, pero estaba tan encorvado que se perdía dentro de su chaqueta. Le dije un ‘Hola’ a lo lejos, esperando su saludo de pasada, pero el hombre del perro se detuvo ante mí y nos largamos a conversar. No sé hace cuánto que no habla con alguien, el perro ya ni lo escucha. Supe que vendió su negocio, yo pensando en que eso era bueno, lo felicité, asumiendo que tendría capital para invertir (nunca son malos los cambios), hasta que miró el suelo y con vergüenza me dijo ‘estoy cesante’.

lunes, julio 25

Es raro sentir que el tiempo pasa, pero no pasa, que cuando abres los ojos no despiertas de la noche anterior, sino de meses, que todo este tiempo ha sido un largo día o que la noche no llega nunca. Todo esto es raro, es ilógico.
La razón se resiste.
Para mí lo todo es muy complejo y a la vez muy sencillo: esto no debió haber pasado, pero está sucediendo, y será que no lo siento como debería, será que no aterrizo nunca, porque siempre la siento conmigo. Eso es lo lógico, que hayamos estado siempre juntas, así como tengo la mano unida al brazo o mi corazón está en mi pecho.
Te llevo.
Afortunado y lamentable. Hemos sido una. Te llevo con vida en mis días, en los que algo también han muerto para siempre.